Cuando el flamenco empieza a salir de dentro (Nihongo mo arimasu) Hoy no fue una clase cualquiera. No porque saliera todo perfecto —que no salió—, sino porque pasó algo más importante: empezó a aparecer algo que no se puede enseñar directamente. Al principio, el ambiente era tranquilo. Domingo. Cuerpos un poco lentos, caras todavía medio dormidas. Pero poco a poco, entre risas, errores y repeticiones… algo cambió. No estábamos solo aprendiendo sevillanas. Estábamos empezando
Una semana de clases en la que algo empezó a abrirse: abanico, mantón, sombrero y castañuelas comenzaron a entrar en el aprendizaje de forma natural. Más que una crónica de lo hecho, este texto recoge lo vivido en clase y el camino interior que también se despierta al enseñar flamenco.
Hay felicidades que no hacen ruido. Se sirven en un plato caliente y se sientan a la mesa. Desayunar junto a mi hijo. Prepararle el desayuno sin prisas. Pensar la cena mientras él juega, mientras la casa respira tranquila. Cocinar no es solo cocinar. Es cuidar el tiempo del otro. Es decir “estoy aquí” sin palabras. Y entonces, en mitad de algo cotidiano, llega esa frase pequeña que lo coloca todo en su sitio: “Papá, me encanta tu comida.” No es una crítica gastronómica. Es un
La semana pasada sonó el teléfono y, con él, el temblor de dos mundos. TBS TV quería que colaborara en uno de sus programas. La noticia llegó como una palmera de jaleo: luminosa, inesperada, bonita. Pero detrás de la alegría apareció ese pellizco antiguo… ese que nace cuando una parte de Japón mira al flamenco sin entender su raíz. Hace muchos años viví una experiencia que dejó cicatriz. Una de esas cosas que no marcan el cuerpo, pero sí la manera en que uno se ofrece al mund
Estos días no han sido solo cumpleaños. Han sido abrazo, altar y compás. Desde que empezó la semana, algo se fue llenando por dentro. Un rumor de pasos, de flores, de vasos con mensaje, de dulces con alma. Y no es por los regalos, es por lo que vibra en cada gesto. Cada vez que una alumna entraba al estudio con una sonrisa y un “feliz cumpleaños”, el día se abría como un abanico. Me he sentido querido, de verdad. Rodeado de tantas personas que, sin tener que hacerlo, me han r