Un encuentro sencillo en un parque de Japón, una invitación cercana, Batres tranquilo por primera vez ante alguien nuevo, y una conversación que convirtió la tarde en una amistad de las que uno desea conservar con los años.
Un jardín escondido en Karuizawa, música española, castañuelas y un mantón negro entre árboles y silencio. Una experiencia flamenca imposible de olvidar en Japón.
Un concierto en el Yamaha Hall de Ginza terminó convirtiéndose en mucho más que música: una chaqueta de kimono, encuentros humanos, arte, sensibilidad y la sensación inesperada de sentirse acompañado en Japón.
En la clase de caña con castañuelas seguimos avanzando en una coreografía donde el ritmo, los brazos y el cuerpo se unen para crear una experiencia flamenca completa.