Una semana de clases en la que algo empezó a abrirse: abanico, mantón, sombrero y castañuelas comenzaron a entrar en el aprendizaje de forma natural. Más que una crónica de lo hecho, este texto recoge lo vivido en clase y el camino interior que también se despierta al enseñar flamenco.
Hay felicidades que no hacen ruido. Se sirven en un plato caliente y se sientan a la mesa. Desayunar junto a mi hijo. Prepararle el desayuno sin prisas. Pensar la cena mientras él juega, mientras la casa respira tranquila. Cocinar no es solo cocinar. Es cuidar el tiempo del otro. Es decir “estoy aquí” sin palabras. Y entonces, en mitad de algo cotidiano, llega esa frase pequeña que lo coloca todo en su sitio: “Papá, me encanta tu comida.” No es una crítica gastronómica. Es un
Estos días no han sido solo cumpleaños. Han sido abrazo, altar y compás. Desde que empezó la semana, algo se fue llenando por dentro. Un rumor de pasos, de flores, de vasos con mensaje, de dulces con alma. Y no es por los regalos, es por lo que vibra en cada gesto. Cada vez que una alumna entraba al estudio con una sonrisa y un “feliz cumpleaños”, el día se abría como un abanico. Me he sentido querido, de verdad. Rodeado de tantas personas que, sin tener que hacerlo, me han r
(日本語もあります) 🇪🇸 Español La noche anterior apenas pude dormir.Mi pecho latía con fuerza y el alma temblaba suavemente,como presintiendo la emoción de lo que estaba por comenzar. Por la mañana recogí el coche del taller.Nami, con su ternura habitual, preparó cada cosa del viaje con amor.En cada objeto que colocaba en la maleta había un silencio lleno de cariño. Así, envuelto en amor, empezó un viaje que no olvidaré. Era viernes.Acababa de terminar mi clase de “Alegrías de Córdo