Hay felicidades que no hacen ruido. Se sirven en un plato caliente y se sientan a la mesa. Desayunar junto a mi hijo. Prepararle el desayuno sin prisas. Pensar la cena mientras él juega, mientras la casa respira tranquila. Cocinar no es solo cocinar. Es cuidar el tiempo del otro. Es decir “estoy aquí” sin palabras. Y entonces, en mitad de algo cotidiano, llega esa frase pequeña que lo coloca todo en su sitio: “Papá, me encanta tu comida.” No es una crítica gastronómica. Es un